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Baterías: un gran dolor de cabeza para las tecnológicas

Hace dos años el protagonista fue Samsung. El año pasado, los focos apuntaron a Apple. Como trasfondo, las baterías y su escasa evolución en comparación con el resto de componentes que forman un smartphone. Pantallas de última generación, procesadores con inteligencia artificial, pero las pilas de los móviles siguen ancladas en el litio. De hecho, el único cambio vivido en este importante componente es el salto del níquel o cadmio a ese elemento químico, objeto de deseo en medio planeta por el auge de los vehículos eléctricos.

El pasado diciembre, tras muchos rumores y quejas, Apple se plegó ante sus usuarios. “Nuestros clientes nos han transmitido su opinión sobre cómo gestionamos el rendimiento de los iPhones con baterías antiguas y la forma en que hemos comunicado este proceso. Sabemos que algunos de vosotros sentís que Apple os ha decepcionado. Os pedimos disculpas. Ha habido mucha confusión al respecto, así que nos gustaría aclarar este asunto y anunciar algunos cambios que estamos llevando a cabo”, explicaba el gigante de Cupertino en un comunicado el 28 de diciembre.

Los responsables de Geekbench lanzaron la alerta. En sus pruebas demostraron que sí existía un factor de software, pero este solo aparece cuando la degradación de las células de la batería empieza a hacerse evidente. “Lo primero y más importante es decir que nunca hemos hecho -ni haríamos- nada que acorte de forma intencionada la vida de un producto Apple o que empeore la experiencia del usuario para conseguir que renueve su dispositivo”, añadían.

Las baterías de los iPhones y de la gran mayoría de los móviles en la actualidad son de dos tipos: iones de litio (Li-ion) o polímeros de litio (Li-Po). La principal ventaja de su composición es que han perdido el conocido efecto memoria: ya no es necesario esperar a que estén totalmente descargadas para poder recargarlas.

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Menos de mil cargas

Aunque este tipo de baterías tiene un pequeño problema: soporta un número limitado de cargas, entre 300 y 1.000. “Todas las baterías recargables son consumibles que pierden efectividad a medida que sus componentes químicos envejecen y su capacidad para retener una carga disminuye”, explica Apple.

Las baterías, cada vez que se conectan a la red eléctrica, inician una reacción química y transfieren los electrones de su interior a los dos polos llamados ánodo (positivo) y cátodo (negativo). Para que los electrolitos se muevan entre los dos polos, las pilas incorporan un solvente orgánico en el caso de las baterías Li-ion, mientras que las Li-Po están equipadas con una especie de gel, menos derramable.

“Una batería con deterioro químico también pierde capacidad para suministrar picos de energía, sobre todo si está poco cargada, lo que puede provocar que el dispositivo se apague de forma repentina en determinadas circunstancias”, señala Apple. Un problema con el que también se ha encontrado Samsung con su Note 8. La surcoreana ha recibido varias quejas avisando de que sus dispositivos se quedaban sin batería y no se recargaban. La compañía abrió una investigación.

El último trimestre de 2016 fue un auténtico calvario para Samsung, que tuvo que retirar del mercado el Galaxy Note 7 por explosiones de su batería. Construidas por una filial, varios dispositivos de Li-ion presentaron cortocircuitos internos y algunas carecían además de membranas de aislamiento por errores en el proceso de fabricación. Un fallo de el diseño provocaba un sobrecalentamiento del polo negativo hasta cortocircuitar.

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El ‘batterygate’

El futuro de las pilas pasa por sustituir las actuales por las nuevas “baterías de estado sólido”. Compañías como Samsung y LG están trabajando en ello. La novedad es la sustitución del famoso electrolito líquido por un elemento sólido. Así desaparecería el famoso efecto inflamable y el derrame del líquido de las baterías, que provoca un importante riesgo para el usuario.

Los primeros pasos de Samsung en su ‘batterygate’ fue pedir la retirada de los móviles defectuosos y a continuación lanzó una actualización que limitaba la carga del dispositivo al 60%. De esta forma la energía almacenada en la batería se mantendría a un nivel seguro que evitaría el cortocircuito.

Una medida que Apple ahora reconoce y por la que se enfrenta a decenas de demandas por ralentizar sus dispositivos. Su CEO, Tim Cook, apuntó recientemente en una entrevista a ‘ABC News’ que los propietarios del iPhone recibirán una actualización del sistema operativo donde podrán seleccionar cómo se administra el rendimiento. El nuevo ajuste estará disponible para desarrolladores en febrero y para el público poco después.

¿Pero pueden los fabricantes controlar o inutilizar los dispositivos? La respuesta es sí. Samsung llegó a plantear el famoso ‘kill switch’ en su Note 7, aunque no lo activó. Es un interruptor de apagado que se introduce en el código para dejar inutilizado un dispositivo. La empresa Nvidia también lo activó en agosto de 2015 en sus Shield Tablet por problemas en sus baterías.

By |2018-02-25T16:02:07+00:00febrero 25th, 2018|Categories: Android, Destacado, Gadgets, Hardware, Noticias|Tags: , |0 Comments

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